MISTERIOS DOLOROSOS


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Primer Misterio Doloroso. 
La Agonía de Jesús en el Huerto.

Lucas 22, 39-46
39 En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.
40 Cuando llegaron, les dijo: «Oren, para no caer en la tentación».
41 Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:
42 «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
43 Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.
44 En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.
45 Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza.
46 Jesús les dijo: «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación».

Mateo 26, 36 – 45
36 Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo: «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar».
37 Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.
38 Entonces les dijo: «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo».
39 Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya».
40 Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro: «¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora?
41 Estén prevenidos y oren para no caer en tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».
42 Se alejó por segunda vez y suplicó: «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad».
43 Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño.
44 Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
45 Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo: «Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
46 ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar».

Reflexión: Gabrielle Amorth
Reflexión: San José Ma. Escrivá de Balaguer



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Segundo Misterio Doloroso. 
La Flagelación del Señor.

Juan 19,1
Entonces Pilato mandó azotar a Jesús.


Mc 15,15 
15 Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.


Mt 27, 11-26
 

11 Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: «¿Tú eres el rey de los judíos?». El respondió: «Tú lo dices».

12 Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.

13 Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que declaran contra ti?».

14 Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador.

15 En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo.

16 Había entonces uno famoso, llamado Barrabás.

17 Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: «¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?».

18 El sabía bien que lo habían entregado por envidia.

19 Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho».

20 Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

21 Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: «¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?». Ellos respondieron: «A Barrabás».

22 Pilato continuó: «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?». Todos respondieron: «¡Que sea crucificado!».

23 El insistió: «¿Qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: «¡Que sea crucificado!».

24 Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes».

25 Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos».

26 Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.


Reflexión: Gabrielle Amorth
Reflexión: San José Ma. Escrivá de Balaguer



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Tercer Misterio Doloroso. 
La Coronación de espinas.

Juan 19, 2-3 
Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura; se acercaban a él y le decían: "¡Viva el rey de los judíos!" Y le daban bofetadas.

Mateo 27,27 – 31 
27 Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él.
28 Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo.
29 Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: «Salud, rey de los judíos».
30 Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza.
31 Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Marcos 15,16 – 20

16 Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia.
17 lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron.
18 Y comenzaron a saludarlo: «¡Salud, rey de los judíos!».
19 Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje.
20 Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.

Reflexión: Gabrielle Amorth 
Reflexión: San José Ma. Escrivá de Balaguer


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Cuarto Misterio Doloroso. 
Jesús con la Cruz a cuestas.

Juan 19,17-22
17 Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en hebreo «Gólgota».
18 Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio.
19 Pilato redactó una inscripción que decía: "Jesús el Nazareno, rey de los judíos", y la hizo poner sobre la cruz.
20 Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego.
21 Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: "El rey de los judíos". sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos"».
22 Pilato respondió: «Lo escrito, escrito está».

Mateo 27,32 - 34 
32 Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz.
33 Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo»,
34 le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo.

Marcos 15,21 – 23 
21 Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús.
22 Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo».
23 Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.

Lucas 23,26 – 32
26 Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.
27 Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
28 Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.
29 Porque se acerca el tiempo en que se dirá: "¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!"
30 Entonces se dirá a las montañas: "¡Caigan sobre nosotros!", y a los cerros: "¡Sepúltennos!"
31 Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?».
32 Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.

Reflexión: Gabrielle Amorth
Reflexión: San José Ma. Escrivá de Balaguer

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Quinto Misterio Doloroso. 
La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

Juan 19,23-30
23 Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo,
24 se dijeron entre sí: «No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados.
25 Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
26 Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo».
27 Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
28 Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed.
29 Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.
30 Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

Mateo 27, 35 – 55 
35 Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron;
36 y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo.
37 Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos».
38 Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
39 Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza,
40 decían: «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!».
41 De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
42 «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él.
43 Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: «Yo soy Hijo de Dios».
44 También lo insultaban los ladrones crucificados con él.
45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región.
46 Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: «Elí, Elí, lemá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
47 Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías».
48 En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber.
49 Pero los otros le decían: «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo».
50 Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Marcos 15, 24 – 39 
24 Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno.
25 Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron.
26 La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos».
27 Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
28 (Y se cumplió la Escritura que dice: «Fue contado entre los malhechores»)
29 Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían: ¡«Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar,
30 sálvate a ti mismo y baja de la cruz!».
31 De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo!
32 Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!». También lo insultaban los que habían sido crucificados con él.
33 Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde;
34 y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
35 Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías».
36 Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo: «Vamos a ver si Elías viene a bajarlo».
37 Entonces Jesús, dando un grito, expiró.
38 El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
39 Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!».

Lucas 23, 33 – 47
33 Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
34 Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.
35 El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!».
36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre,
37 le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!».
38 Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos».
39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
40 Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?
41 Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo».
42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».
43 El le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».
44 Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde.
45 El velo del Templo se rasgó por el medio.
46 Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró.
47 Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: «Realmente este hombre era un justo».

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SALMO 22
Del maestro de coro. Según la melodía de «La cierva de la aurora». Salmo de David.
2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás lejos de mi clamor y mis gemidos?
3 Te invoco de día, y no respondes,
de noche, y no encuentro descanso;
4 y sin embargo, tú eres el Santo,
que reinas entre las alabanzas de Israel.
5 En ti confiaron nuestros padres:
confiaron, y tú los libraste;
6 clamaron a ti y fueron salvados,
confiaron en ti y no quedaron defraudados.
7 Pero yo soy un gusano, no un hombre;
la gente me escarnece y el pueblo me desprecia;
8 los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
9 «Confió en el Señor, que él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto».
10 Tú, Señor, me sacaste del seno materno,
me confiaste al regazo de mi madre;
11 a ti fui entregado desde mi nacimiento,
desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios.
12 No te quedes lejos, porque acecha el peligro
y no hay nadie para socorrerme.
13 Me rodea una manada de novillos,
me acorralan toros de Basán;
14 abren sus fauces contra mí
como leones rapaces y rugientes.
15 Soy como agua que se derrama
y todos mis huesos están dislocados;
mi corazón se ha vuelto como cera
y se derrite en mi interior;
16 mi garganta está seca como una teja
y la lengua se me pega al paladar.
17 Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies
16c y me hunden en el polvo de la muerte.
18 Yo puedo contar todos mis huesos;
ellos me miran con aire de triunfo,
19 se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.
20 Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme
21 Libra mi cuello de la espada
y mi vida de las garras del perro.
22 Sálvame de la boca del león,
salva a este pobre de los toros salvajes.
23 Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
24 «Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.
25 Porque él no ha mirado con desdén
ni ha despreciado la miseria del pobre:
no le ocultó su rostro
y lo escuchó cuando pidió auxilio»
26 Por eso te alabaré en la gran asamblea
y cumpliré mis votos delante de los fieles:
27 los pobres comerán hasta saciarse
y los que buscan al Señor lo alabarán.
¡Que sus corazones vivan para siempre!
28 Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia.
29 Porque sólo el Señor es rey
y él gobierna a las naciones.
30 Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante él,
y los que no tienen vida
31 glorificarán su poder.
Hablarán del Señor a la generación futura,
32 anunciarán su justicia a los que nacerán después,
porque esta es la obra del Señor


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