Reflexion Amorth 3er Glorioso
La Venida del Espíritu Santo
La venida del Espíritu
Santo es preparada por nueve días de intensa oración, con María y otras
personas. Los discípulos se dirigen al templo a orar, otras veces oran en la
gran sala de la Última Cena. Quizá es también el tiempo de las confidencias:
cuántas preguntas habrán dirigido a María sobre el nacimiento y niñez de Jesús.
En la mañana del día de Pentecostés tiene
lugar la solemne venida del Espíritu Santo. La precede un fortísimo ventarrón que
sacude la casa con un ruido tan grande que es sentido por buena parte de la
ciudad, por lo cual comienzan a acudir personas para ver qué es lo que ha
sucedido. Entre tanto, los apóstoles, sin ningún temor, ven descender lenguas
de fuego que se posan sobre cada uno de los presentes. Inmediatamente se
sienten llenos de fuerza y de valentía, comienzan a hablar diversas lenguas,
como les sugiere el Espíritu.
Al darse cuenta de la llegada de tanta
gente -los piadosos israelitas que han acudido de todas partes a Jerusalén para
la fiesta de Pentecostés-, los apóstoles se lanzan en medio de ellos para dar
testimonio de la resurrección de Jesús. Entonces tienen otra sorpresa. Se
multiplica el don de lenguas. Se dan cuenta de que son comprendidos por todos
los de las diversas lenguas allí presentes. Y también la gente se admira del
hecho: todos los entienden porque cada uno los escucha hablar en su propia
lengua. Los apóstoles comprenden que la misión está abierta ante ellos: serán
comprendidos en todas partes.
Luego se dan cuenta de que Pedro va a
hablar a la gran multitud. Quizá los diez se disponen en grupo detrás de él
para confirmar sus palabras con su testimonio. Y resulta bien fructuoso este
primer discurso de Pedro, tanto que tres mil personas quedan convencidas y
piden el bautismo. Imagino que en aquel momento Pedro comprendió bien la palabra
de Jesús: "En adelante serás pescador de hombres". El se había
pasmado frente a la pesca milagrosa de ciento cincuenta y tres peces grandes, y
ahora entiende la diferencia al haber convencido a tres mil personas con un
solo discurso.
En aquel día, con la venida del Espíritu
Santo nace la Iglesia. Y el Espíritu nunca abandonará la gran obra de salvación
fundada por Jesucristo.
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